Leyendas

El montador encarnado

GUANACASTE NOTICIAS. Hace como cincuenta años, había que ver la celebración de un 25 de Julio, Día de la Anexión y de Santiago Apóstol.  Había fiestas Cívicas (montadora de toros, carreras de cintas, desfile de carretas y una subasta frente a la iglesia), carreras de cintas, que eran entregadas por las señoritas más bonitas. Emocionantes peleas de los “cocos” de los cantones vecinos con los “cocos” de Cañas y los golpes eran libres. Grandes bailongos y en todas las esquinas del parque tremaban las marimbas con alma Chorotega. Celso, Los Cotos, los Meza y Los Brenes eran los más conocidos marimbistas, los cuales esparcían la alegría por todos los confines.

Venían de todos los lugares circunvecinos y casi todos lo hacían de jinete, que era el único transporte, fuera de los pies que se conocían.

¡Qué fiestas aquellas, estas sí eran fiestas! Chamalía era uno de los mejores albardas que había en Las Cañas e hizo una apuesta con Loflo, el más diestro vaquero de todo este contomo, (conocido también como Guatuza, por lo pálido y lo colorajeado de su pelo). Esta consistía que él le haría la pega al Cacho de Plátano, que estaba invicto (había botado a todos los montadores que se habían atrevido a montarlo), la apuesta fue de dos colones (suma importante por aquel entonces, porque la plata si valía).

A Chamalía, le gustaba mucho las rosquillas, (de esas que le dieron fama a las Romanitas) y siempre andaba mascándolas y sus bolsas de pantalones siempre estaban llenas de ellas. Pidió el toro mencionado, pero antes tuvo que pelear con Andrés Campos, que también quería montarlo. El caporal era Andelino y como era amigo de Chama se lo dio a él.

Comienzan a alistar el toro que está flojo el pretal, que se lo soquen, que muy socado, que se lo aflojen, que le tengan el rabo, que no lo jodan, y se arma el pleito casi encima del toro, porque antes se alistaba el toro dentro de la plaza y pegado a un bramadero y toda la plaza disfrutando de este rudo y audaz deporte del que somos amantes los guanacastecos.

Chama rodeado de una corte de amigos, unos y otros consejeros gratuitos:

¡Qué pásale bien la espuela!,  ¡Qué le cuides de un chivazo!

¡Qué te acordes que sale dando vueltas como un trompo y de pronto brinca! A todos les dice que si, pero lo tienen atontado de tanta habladera y del cachimbazo de guaro que le zamparon.

 

 

Se mete a la boca una rosquilla ya casi dispuesto, solo le falta un braguero, para eso le facilitan un chicoteo, que le da varias vueltas a la cintura, y ya esta listo.

Se acerca Orondo y Ufano- mete una mano en el pretal, se sube, se apea, que está muy flojo el pretal, que se lo soquen, se vuelve a montar, se echa para atrás, se mete los estribos, estira los brazos y le grita al caporal, “¡largúelo Andelino”. Le sueltan el falso – se oye redoblar los tambores de la cimarrona y una espanta perros se escucha, así como el griterío de emoción de Valladar, el toro hace cabrioles y giros, y de todas ninguna surte efecto, ya que Chama, se le pega como una garrapata Cuando siente que el toro pierde fuerza, en un alarde de montador, saca una mano y comienza a comer rosquillas, pero el toro también es mañoso y no esta vencido, sale en una violenta y corcoveante carrera contra la barrera para pegar al montador contra los palos y con un salto limpio se sale del redondel.

 

Ahí todo es sobresalto y temor, salen los sabaneros detrás deltoro y de Chama que va montado. Lo atajan, lo cercan, pero no lo pueden amarrar, se les escapó y no es nada, ¡Qué va con el hombre arriba!

Esa tarde en el pueblo, solo son comentarios y una ola de tristeza, abriga a todos los corazones de los cañeros…

Pasan dos, tres y más días…los patrones de Chamalia, Los Murrays, ponen sabaneros a buscarlos, pero no aparece el hombre ni el toro. La familia con algunos amigos, le celebran los nueve días y poco a poco se olvida, lo acontecido, que queda grabado en la memoria y nada más.

Pasa el tiempo y comienza a llover con ganas, como todos los octubres en Guanacaste y se inunda la Pampa. El ganado por instinto busca las partes altas y en las haciendas se da la orden de arrearlo hacia las lomas.

Un día de esos un sabanero lleno de pánico y sin casi poder hablar, cuenta a sobresaltos, que ha visto un toro con dos caras, una de ganado y otra de hombre. Gran temor acoge a los sabaneros que son gente  supersticiosa y muy dados a las historias de espantos.

Se alista una gran partida y se hacen acompañar del Resguardo Fiscal, los cuales van armados.

Se van para el playón del Bebedero, donde se supone que está el animal raro y después de unas pocas horas, lo encuentran y ¡es Chamalía!, lleno de pelos y de gran barba, todavía montado, tan montado está que se ha encarnado y todavía comiendo rosquillas, que le han ayudado a mantenerse con vida.

Dicen que Chamalía odia ahora las rosquillas, y que para poderlo apear hubo que matar al toro de un balazo y desollarlo.

¡Gracias a Dios que apareció! Ni que decir de la gran fiesta, que hizo el patrón de Chamalía, fue otra fiesta en Cañas.

Chama no volvió a montar, se volvió torero y por supuesto ganó la apuesta.

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