Leyendas

El hombre del Caballo Negro

GUANACASTE NOTICIAS.  Una vez me hice de un  amigo de quien nadie sabía su pasado, ni de dónde había venido.

 

Don Fermín, era un hombre de pocas palabras pero muy recto en sus cosas, mas no le gustaba hablar de su pasado.   Como yo no tenía más amigos en el pueblo, siempre salía con él. Lo raro  es  que me era difícil hacer amigos a pesar de mi personalidad, pues siempre estaba buscando con quién hablar, hasta que averigüé lo  que sucedía.  Como don Fermín era tan extraño, la gente no lo abordaba y yo me pasaba el día sacándole palabras y una que otra conversación, llegando a ganarme su confianza, aunque esto no ayudó nunca para saber su pasado y menos lo que pensaba hacer en el presente. Claro que de mí él sabía todo, no porque me lo hubiera sacado sino que yo se lo había contado, ya que era mi debilidad, y al saber que a mí me gustaban las historias, un día me dijo:

 

Le voy a contar algo que me pasó una noche mientras regresaba a casa. Andaba haciendo unas compras y de paso me zampé  unos mechazos donde Calicho, que vendía  un chirrite dulcito y del bueno, con decirle que un trago de media copa le paraba a uno la respiración y el de copa llena, uuuuy ni qué hablar, caminaba hasta cincuenta metros jalando resuello y tratando de no perder el control, pero los efectos eran devastadores, hasta veía chinos con sombrilla.

 

Ese día salí de donde Calicho,  un poco acelerado, monté en mi caballo y comencé a trotar.  Al rato noté que el caballo se ponía un poco inquieto, nervioso movía las orejas y de vez en cuando resoplaba las narices y comencé a sentir que algo andaba mal. Se me comenzó a erizar  el pelo, de pronto  vi que a lo lejos venía un caballo que debía ser negro porque apenas se veía la silueta, a pesar de la corta distancia y la claridad de la noche. Aquel caballo debió  estar muy bien herrado pues el golpe de sus cascos se escuchaba clarito clac clac clac clac… Y al pasar a mi lado me dijo: “Diay Don Fermín, tan tarde en la calle”.  No me pareció conocido, pero como me llamó por mi nombre, pensé que era un amigo que me gastaba una broma. Seguí camino a casa y al rato y sin que nadie me pasara adelante, volví a escuchar los pasos de aquel caballo, mientras veía su silueta a lo lejos.

 

Pensé que era otra persona, pero al pasar frente a mí dijo: “Todavía en la calle don Fermín”. Sentí erizar el cuero y el cabello, creí haberlo perdido pues lo sentía raro y un escalofrío cubría todo mi cuerpo. El caballo pegó un relincho como de temor y no era para menos. Apuré el paso pues deseaba que mi caballo volara. Traté de controlarme pensando en que todo había pasado, pues el trote de aquel caballo se alejaba cada vez más y la tranquilidad volvía a mí pero mi caballo trotaba casi galopando. Ya cerca de la casa y cuando creí  superado el problema, escuché de nuevo el trote de aquel animal y al comenzar a ver su silueta, me dije; sería que no lo vi pasar adelante pero su trote era inconfundible, como lo era su silueta. Al pasar a mi lado me dijo: “Don Fermín, todavía

sigue en la calle”.  Se alejó trotando y por un momento pensé que mi caballo se iba a matar, ya que alzó una carrera no sé si porque se había  asustado o yo lo animé y segundos después estaba en el corredor de mi casa respirando a fondo y pellizcándome, para ver si estaba vivo. No volví a pasar por ese camino de noche, pues hacía los mandados de día y con precaución, además no duré mucho en ese pueblo después de ese incidente.

 

Contaba que la gente de ese lugar que había pasado alguna vez de noche, le sucedió lo mismo pero muchos no llegaban a casa, sino hasta el día siguiente o nunca.  No se si sabía si por el temor se desmayaban o si les haría algo el caballero negro, pero lo que era él, no volvió a pasar por ese lugar de noche jamás…

 

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