Tradiciones

El Santo Cristo de Esquipulas (La peregrinación del Aparecido) (Parte 1)

Roberto Cabrera Padilla/ La Peregrinación del Aparecido/ El Cristo Negro o Aparecido, como lo llama la gente de pueblo en Santa Cruz es junto con la Virgen de Guadalupe en Nicoya las devociones significativas de Guanacaste cuyo origen se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, procedente de México. Pero es el Cristo de Esquipulas, en Santa Cruz, el que define a gran parte de la identidad cultural no solo religiosa de la llamada bajura, hacia la península de Nicoya.

 

La peregrinación que se realiza del primero al catorce de enero en el distrito de Arado,

en Santa Cruz, es quizá una de las manifestaciones populares más significativas que se pueden encontrar en Guanacaste y se observa en la peregrinación y demanda del Cristo, que realizan pobladores que habitan las montañas y riberas de los ríos Enmedio y Diría en Arado.

 

A la par de los rezos y velas que se realizan durante días y noches, está el aspecto festivo y lúdico que los personajes realizan durante las largas caminatas con el santo y en la tertulia que se realiza en cada casa que se visita y se vela. Al mayordomo local del santo se van sumando y dispersando hombres, mujeres y niños en los trayectos. Es esta una oportunidad —como pocas en el año— para hablar sobre aspectos de la vida cotidiana y problemas propios de los cultivos y aspectos de cosechas, el cuidado de los animales (vacunos y aves principalmente) y todo lo que incide en su relación intersubjetiva y comunal. Son cultura y comunicación muy alejada aún de las culturas eminentemente urbanas.

 

En Arado existen tres mayordomos del Cristo que se turnan para hacer el recorrido en

agosto y enero… Los mayordomos llevan al pequeño Cristo en la espalda y por ratos son

ayudados por promesanos y peregrinos. El Cristo va en una urna o camarín de madera que tiene una caja con llave para depositar limosnas. Después de varios días esta caja es muy pesada y es una penitencia llevarla. Lo recolectado es para la parroquia en Santa Cruz. Los mayordomos tienen un pequeño salario de acuerdo con lo recolectado y durante todo el tiempo de la peregrinación son atendidos por los promesanos que realizan velas o reciben por ratos al Cristo en sus casas.

 

 

Es en los rezos y velas donde se escucha el alabado que viene de Guatemala, entre rosarios y otras oraciones que se acompañan de bebidas y comidas de maíz como el chicheme, los tamales y las rosquillas. A veces las velas se festejan con marimbas y guitarras, pero no se baila. Aparte de la devoción propiamente dicha, es una forma de comunicación interpersonal o inter comunal de gente que trabaja tierras —muchas de ellas en pendientes pronunciadas— que dan poco rendimiento por cajuela de maíz; que crían animales vacunos, porcinos y aves; que practican la caza esporádicamente dentro de un ecosistema muy empobrecido y que padecen buena parte del año de la escasez de agua por el secamiento de los ríos. Con todo, esta gente es quizá la que realmente conserva la tradición y la devoción popular al Cristo de Esquipulas.

 

Esta tradición de la peregrinación, demandas y velas se realiza igualmente en otros distritos y poblados de Santa Cruz, inclusive la costa en los distritos Tempate, Veintisiete de Abril y Cuajiniquil. Puede decirse que esta tradición, más aldeana y popular es la que puede relacionarse con las culturas y religiosidades populares que llegaron del Viejo Mundo, y que hasta hoy encontramos en santuarios como los de la Virgen de Guadalupe y el Cristo Crucificado de Chalma en México o el Cristo de Esquipulas en Guatemala, que a su vez nos remite a la España y la Europa pre industrial.

 

La penetración o interconexión entre lo «pánico» de la religiosidad popular y lo disciplinado-ordenado de la Iglesia, entre la piedad colectiva y la liturgia solemne, se

evidencia en Santa Cruz, entre los días de la peregrinación y los días de la fiesta cívico-

religiosa a partir del día catorce después del mediodía en que el Aparecido hace su entrada a la ciudad cabecera del cantón. Ese día, el mayordomo de Arado deposita en la entrada de la ciudad al pequeño Cristo Negro.

 

Esta pequeña talla del Cristo que realiza la peregrinación de Arado se supone es el «verdadero» que vino de Guatemala y que la tradición oral dice que se encontró entre dos matas de coyol en tierras de la familia Ramos. Los otros pequeños crucificados que hacen peregrinación en el resto del cantón son llamados «peones» y tienen sus propios mayordomos. Se considera que las demandas y el Cristo de Arado son los que significan más a esta tradición. Una nueva relación se establece sobre la base de la actividad económica fundamental de la región: los Cristos «peones» aluden a la peonada de las viejas haciendas ganaderas, cuya autoridad estaba ligada al patrón de corte gamonal. Este santo patrón Esquipulitas —otra denominación popular— que hasta mediados del siglo pasado tenía ganado entre los bienes de su fondo piadoso y sus «peones», cargados ahora por otros peones y jornaleros de carne y hueso.

 

Cuando el mayordomo de Arado deposita al Cristo Negro a la entrada de Santa Cruz, la

devoción cambia de signo. Ahora es gente directamente ligada a la parroquia y a la tradición urbana, las que tienen a su cargo los preparativos y cuidados para la procesión del Cristo por las calles de Santa Cruz, hasta su llegada a la iglesia frente al parque Bernabela Ramos. Se cambia el camarín viejo y despintado que el santo trae de su peregrinación por catorce días en Arado, por otro mejor conservado y adornado previamente.

 

Ese mismo día, antes de llegar al altar a media calle que se levanta a propósito, el Cristo

ha sido arreglado con un nuevo tapadito o calzón de seda, incrustado de lentejuelas. Es una ceremonia que se realiza en la última veía la noche del trece. Antes, el viejo mayordomo participaba en estos preparativos y entregaba al santo hasta llegar a la iglesia.  Antes, también no existían tantos «intermediarios» ocupados en la entrada del Cristo, la procesión y todos los actos religiosos que se realizan a partir del día catorce por la tarde, hasta el final de la fiesta el dieciocho. Hoy, los tres mayordomos de Arado se retiran silenciosamente y prácticamente no participan ya en los actos litúrgicos y las fiestas que se realizan en la ciudad. Vuelven a ser simples trabajadores del campo que luchan por su subsistencia. Hasta la próxima peregrinación volverán a su mayordomía y al papel principal que les asigna la tradición. Los empleados y devotos de la parroquia que los relevan, son parte ya del espectáculo entre piadoso y turístico que adquieren las fiestas de Santa Cruz cada año.

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